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Nuestro planeta tardó diez largos millones de años en recuperarse de la colosal catástrofe que ocurrió hace 250 millones de años y provocó la desaparición de más del 90% de todas las especies vivas

Un estudio realizado por investigadores chinos y británicos revela que la vida en la Tierra tardó diez largos millones de años en recuperarse de la gran extinción del Pérmico durante la que, hace 250 millones de años, desaparecieron más del 90 por ciento de todas las especies vivas del planeta. El estudio se acaba de publicar en Nature Geoscience.

Que sepamos, los habitantes de la Tierra han estado en serio peligro por lo menos en cinco ocasiones. Cinco grandes episodios catastróficos durante los que, por diversos motivos, la vida misma estuvo a punto (o cerca) de desaparecer. Durante esos eventos de extinción masiva miles de especies, tanto en el mar como en la tierra y el aire, desaparecieron en muy poco tiempo y para siempre.

Entre todas esas catástrofes planetarias, los científicos están de acuerdo en que la peor de todas fue la que tuvo lugar hace 250 millones de años. Conocida como “La gran Mortandad”, a la gran extinción del Pérmico sólo sobrevivieron un 10 por ciento de las especies animales y vegetales de cuantas habitaban entonces el planeta. Las causas de la gran extinción siguen sin estar del todo claras: El impacto de un gran meteorito, erupciones volcánicas masivas, acidificación de los océanos… Sea como fuere, nunca nuestro planeta había estado tan cerca de convertirse en una roca desierta, despoblada y estéril.

Los supervivientes fueron tan escasos que los científicos se preguntan desde hace décadas cómo consiguió la vida recuperarse después de un golpe tan tremendamente duro. Y cuanto tiempo tardó en hacerlo. Se sabe, por ejemplo, que justo después de esa gran extinción la Tierra se volvió, durante varios millones de años, un páramo casi desierto, despoblado, sin vegetación y dominado casi por completo por los hongos. Evidentemente, al final, el planeta se recuperó. Pero la cuestión es: ¿Cuánto tiempo tardó en hacerlo?

Lluvia ácida

Algunas pruebas apuntan a la posibilidad de que se produjera un rápido “rebote” de la vida y que en un tiempo relativamente corto (algunos cientos de miles de años) nuevas especies poblaran rápidamente los nichos que habían quedado vacíos. Fue justo entonces, al final del Pérmico, cuando aparecieron los primeros representantes de lo que después sería la era de los dinosaurios, un periodo de prosperidad que duró más de 80 millones de años y que terminó con otra gran extinción, hace 65 millones de años.

Sin embargo, un nuevo estudio llevado a cabo por Zhong-Qiang Chen, de la Universidad de Geociencias de China, y por Michael Benton, de la Universidad de Bristol, sugiere que la recuperación tras la extinción del Pérmico fue mucho más lenta de lo que se pensaba. Y que fueron necesarios diez largos millones de años para que las cosas volvieran a ser como antes.

Para los investigadores, hubo dos razones principales para ello: por un lado, la enorme intensidad de la crisis; y por otro, la larga duración de unas condiciones pésimas para la vida en la Tierra tras la primera oleada de la extinción.

Sea cual fuere la causa inicial, la extinción del Pérmico se vio “alimentada” por toda una serie de graves crisis ambientales: calentamiento global, lluvia ácida, anoxia de los océanos… una auténtica e interminable pesadilla para la vida. Todo ello contribuyó a la enorme tasa de mortalidad. En menos de un millón de años desde su comienzo, nueve de cada diez especies vivas habían desaparecido sin remedio de la faz del planeta.

En palabras del doctor Chen, “Es difícil imaginar cómo se puede acabar con tanta vida, pero no cabe duda de lo que nos dicen las secciones de roca estudiadas en China y en muchos otros lugares del mundo. Aquella fue la mayor crisis a la que nunca se ha enfrentado la vida en la Tierra”.

Cangrejos y langostas

Para el científico, las consecuencias directas de la crisis continuaron notándose durante cinco o seis millones de años tras el episodio inicial, que debió de ser tremendo. Durante ese periodo, en efecto, se fueron produciendo desastres y desequilibrios medioambientales de forma casi continua y, de alguna forma, enlazados unos con otros. Algunos grupos de animales, tanto en el mar como en la Tierra, lograron recuperarse con rapidez y comenzaron a repoblar sus ecosistemas, pero sólo para ver cómo éstos desaparecían poco después, haciendo vanos todos sus esfuerzos. La vida, en general, no pudo restablecerse con la fuerza suficiente hasta que los distintos ecosistemas volvieron a ser estables.

Para el profesor Benton, profesor de Paleontología de Vertebrados en la Universidad de Bristol y coautor del estudio, “La vida parecía estar volviendo a la normalidad cuando otra crisis la golpeaba y la obligaba de nuevo a empezar desde el principio. La crisis del carbono se repitió varias veces, y las condiciones no volvieron a ser normales hasta por lo menos cinco millones de años después”.

Por fin, cuando las crisis medioambientales dejaron de producirse, empezaron a emerger nuevos y complejos ecosistemas. En el mar surgieron nuevos grupos, como el de los cangrejos y langostas ancestrales, así como los primeros reptiles marinos y otras criaturas que sentaron las bases de los futuros ecosistemas modernos.

Según Benton, “Nosotros vemos una extinción masiva como algo completamente negativo, pero incluso en este caso tan devastador la vida logró recuperarse, después de muchos millones de años, con el surgimiento de nuevas criaturas. El evento de extinción puso a cero el contador de la evolución. Las causas de la catástrofe, calentamiento global, lluvia ácida, acidificación oceánica…, nos suenan extrañamente familiares en la actualidad. Quizá deberíamos aprender añgo de estos antiguos episodios”.

Fuente: ABC.es